Reflexiones a propósito de los recientes acontecimientos trágicos en México

  1. El colapso físico por los sismos recientes nos lleva a pensar en el colapso social a causa de la violencia, la inseguridad, la corrupción y la impunidad, características con las que hoy se define a México dentro y fuera del país. Esta es nuestra vergonzosa radiografía social.
  2. Sin embargo no hemos perdido nuestra capacidad de reaccionar para que surja lo mejor que hay en la gente: la autoestima como pueblo, los talentos, el tiempo y los bienes compartidos, las virtudes sociales y, en particular, la solidaridad en todas sus expresiones, y la autoconciencia de lo que valemos como país. Existen aún muchas reservas espirituales.
  3. La pregunta es: ¿por qué no se revela todo lo anterior en la cotidianidad de la vida mexicana para que la sociedad, sin exclusiones, pueda reconstruir una dignidad que nunca debió haber sido pisoteada? Barbarie en los crímenes de los delincuentes organizados para matar, narcotráfico como opción de vida, feminicidios humillantes, desapariciones forzadas, complicidades gubernamentales, insensibilidad social, gobernantes y partidos políticos atracadores del pueblo, miles de desplazados por la violencia, millones de empobrecidos por el sistema político y, ahora, además siniestrados. Las estadísticas son aterradoras: 80 mil muertos, 30 mil desaparecidos, 200 mil desplazados en el actual sexenio.
  4. El reto fundamental es dar sentido profundo a lo que vivimos en los acontecimientos extraordinarios como son estas tragedias recientes con su cuota de fallecidos, según los valores y las convicciones humanas o religiosas que cada uno tenga.

    Los mexicanos no somos ni mejores ni peores que ningún otro pueblo. No vemos los eventos como castigos divinos, sino como la normal deficiencia de las leyes naturales, que no son perfectas y a veces fallan.

    ¿Tendremos alguna responsabilidad por el daño causado a la madre tierra, trastornando nuestra casa común? ¿Por qué estará tan enojada con nosotros?Todos hemos de buscar la calidad de vida en particular para los más desprotegidos.No renunciar a nuestra capacidad de lucha y de esperanza solidaria, tanto en estos eventos trágicos como en los eventos cotidianos de la convivencia social. ¿Por qué la gente se congrega para salvar a una persona de los escombros y se despedaza diariamente como fieras en la jungla?Las recientes tragedias no son un episodio banal u oportunidad de comentarios frívolos en la noticia superficial, como hacen medios de comunicación perversos, que montan escenarios para actuar, como si en verdad les doliera el sufrimiento ajeno. Son mercenarios y payasos que se carcajean del dolor y sólo piensan en difundir noticias para fomentar la histeria colectiva.

  5. Los creyentes podemos dirigir nuestra mirada a «Aquél en Quien vivimos, nos movemos y existimos». Creemos que Él es la fuente de nuestra vida y de nuestro ser en el mundo. Nos puede reconfortar la recomendación de Pablo a los cristianos de Roma: «En realidad, ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni muere para sí mismo. Si vivimos para el Señor vivimos, y si morimos para el Señor morimos. Y tanto en la vida como en la muerte, somos propiedad del Señor […]» (14,7-8)

P. Francisco Merlos Arroyo