¿Dónde está mi escombro o qué?

Problema tras problema no dejan de azotar Oaxaca. La golpeada zona sur del Itsmo ahora tiene que lidiar entre la angustia de las réplicas de los terremotos, las torrenciales lluvias o el incesante que Sol que de a ratos se asoma.

Afuera de las viviendas casi todos echaron mano de la imaginación para resolver la necesidad de cubrirse de las inclemencias del clima.

Aunque muchos quisieran regresar a sus hogares la mayoría poco a poco va aceptando que lo único que queda detrás de la puerta que se mantiene en pie sólo es escombro y tiempo pasado. Entonces lo único que les queda es cerrar los ojos para que nadie les robe el recuerdo.

Ahora más que nunca veo vulnerable a esta sociedad. Con sus hogares acongojados, sin organización para reconstruir, sin el acompañamiento científico adecuado para evitar pensamientos apocalípticos que abonan la desesperanza.

Preocupante es la rapiña y en algunos casos violencia ante la llegada de la ayuda de la sociedad civil organizada. Hoy vivimos y constatamos que la tristeza aumenta ante tal grado de violencia ejercida sobre personas entusiastas que transportaban esperanza para los necesitado.

Preocupante es blindar de inmediato a los niños y jóvenes haciéndolos resistentes a ejercer la delincuencia en sus distintas modalidades o sucumbir ante las adicciones.

Devastación es el panorama por los hemisferios del Istmo. Para cualquier lugar al que se mire hay una casa colapsada, un centro de gobierno con las banderas aplastadas, los muros de una iglesia sosteniendo al Cristo adolorido.

Para cualquier lugar al que se mire hay una casa colapsada, un centro de gobierno con las banderas aplastadas, los muros de una iglesia sosteniendo al Cristo adolorido.

Por donde quiera que se mire hay ojos derrumbados, familias que se amurallan entre los escombros, ancianas de ojos tristes, niños que aún no perciben la desgracia y jóvenes que aún se mecen en su asombro.

“¿Donde están mis escombros, Vicente?” Le preguntaba en español y en zapoteco, Na’ Martina a su hijo. Ella parada en el monte emergente de desechos que se apilaron en las riveras del rio de los Perros en Ixtaltepec y él sosteniéndola con incertidumbre.

El viento jugaba con la nagua limpia; la movía como palmera. Ahí en ese montón de escombros Na´Martina repasaba su vida:

“¿Mi escombro Vicente, mi escombro dónde es que está, pue? Ahí estaba la foto de todos mis hijos y mis nieto, ahí estaban mis Santo Señor, ahí estaba mi papel de la casa, el papel de la labor de tu papá, ahí estaba mi vestido de fiesta, mi resplandor, mis aretes, mi olla, mi anafre y mi comal, mi trenza que me dio mi mamá cuando era niña. Vicente, busca entre el tiradero la silla que me dio tu papá para sentarme en las tardes con él hasta ver que la noche se dormía.

Vicente desfilaba la mirada por aquello que un día er aun pueblo que estaba de pie y al amanecer era solo escombro.

El desafío de Oaxaca, de México y del mundo es buscar y encontrar entre el escombro la esperanza para levantar esas patrias derrumbadas. No todo está perdido cuando hay en el recuerdo la certeza que algo existió y hay que amar y amarrar mejor las cosas; entonces no habrá trópico derrumbado ni montaña enlodada.

Ing. Octavio Flores

Encargado de comunicación de la arquidiócesis de Antequera, Oaxaca